Me dirijo a la habitación número X del hospital a ver a mi abuela. Me alegro, en cierta forma, porque sé que esa es la última noche en la que estará allí porque ya le van a dar el alta (de hecho, ya está en su casita con su gato Pericles durmiendo en su pecho). A metros de su cama, hay otra señora que se encuentra con su hija y ven la televisión. La hija sale unos minutos y justo en ese instante, zás, cadena nacional, Cristina Fernández hablará a la nación. Mi abuela, feliz, usa todas sus energías para prestar atención y escuchar el discurso de esta mujer que tanto admira. De repente, vuelve la hija de la señora, observa la pantalla y diciendo "Ay, para colmo esta mujerrrrrrrr, qué pelotuda por Diossssss" cambia intempestivamente los canales hasta llegar a esa zona donde la cadena nacional no llega. Obvio, la miro a mi abuela y me aterrorizo. Ella me mira y me dice "Qué bien que habla. ¿Viste que ni lee? Qué oratoria." Yo le pongo cara de por favor no digas nada . Y...