Para llegar a la parada del 112 y de ahí comenzar mi hora de viaje hasta el laburo, tengo que caminar 8 gloriosas cuadras. No es mucho si el bondi me lo tomo al mediodía, pero cuando lo tengo que agarrar a las siete de la mañana justito, justito, son días de culpa y patetismo. La solución es simple, tengo el placer de tener el subte a una cuadra que me ahorra otras seis. El tema es la culpa que me carcome por bajarme a tan sólo dos estacione de casa. Me siento terrible pelotuda ante todas esas personas que suben conmigo y que realizan un trayecto suficientemente largo como para necesitar del subte. Y me ven a mí y me imagino que piensan ¿por dos estaciones? Pero aquí viene lo peor. Siempre hago lo mismo. En medio del trayecto, me pongo a buscar las monedas del colectivo. Como para demostrar que mi viaje sigue, como para se enteren de que me estoy acercando a la parada, claro, ¿no ven que si no no llego? Y he aquí que inmediatamente digo entremí: tarada ¿te pensás que tanto reflexiona l...