No hay cosa peor en el colectivo que las personas que se me (sí, es personal, es "a mí") hacen los tontitos y paso a paso se acercan hacia el asiento que durante un largo largo trayecto relojeo, cuido con mi presencia y al que apuesto para sentarme (este se baja en Warnes seguro, tengo tiempo para dormir y todo, por ejemplo) . No, NO, ese asiento es mío. Tras varios robos asientiles, no pude permitir el último. Fue tal cual, esperé esperé, de repente se acercó un flaco que estaba en la oooootra punta del bondi. Habrá percibido una señal, algo, no sé. El ocupante se bajó, fiel a mi instinto y el señorito ladrón se sentó aprovechando el espacio que le dejé al ex ocupante para que se dirigiera a la salida. No lo pude evitar. Con mi vocecita potente y aguda le dije "¡¿Me permitís el asiento, por favor?!" Siempre educada, claro está. Se levantó le respondí en el mismo tonito gracias y me senté orgullosa de haber hecho justicia. Otra cosa abominable es el bondi que aprove...